
Este fin de semana he ido a ver El Árbol de la Vida: ¡qué decepción! Cruce a ratos entre anuncio de compresas, documental de National Geographic y powerpoints
new age de autoayuda el único tramo que me gustó fue el central, especialmente la descripción de la infancia. Ahora bien, la explicación de la evolución de la Tierra (desde el
big bang, pasando por los dinosaurios y llegando hasta nuestros días) al ritmo del Moldava de Smetana está en el
top ten de las mayores cursiladas del año (hubiera ocupado el nº1 si hubiera utilizado música de Enya): ¿de veras hacía falta? ¿Hacían falta más de dos horas para transmitir la -¡novísima!- idea panteísta de que el dios –el de Terrence Malick- y naturaleza son lo mismo? ¿Se puede ser más pedante con una cámara en la mano? ¿Era necesario ese final no apto para diabéticos? ¿Y los fundidos en negro con la llamita y esa voz de fondo –otro suspenso para el guión-? Bien Pitt (su papel es un caramelo para cualquier actor –para algo es productor…-), desperdiciado el talento de Penn. Grande, por cierto, la interpretación del hijo mayor. Supongo que el director venderá este pastel diciendo que se trata de un “poema visual” o que algún gafapasta progre del Verdi se escudará en la originalidad de algunos planos y en la simbología y metáforas de la película (no hace falta buscarlas demasiado –por obvias-, por otro lado) para justificar que se trata de una obra maestra. En fin, que al salir de la sala sacudí bien mis zapatillas. Y bueno, si desoís mi recomendación y acabáis yendo a verla, por favor dadme vuestra opinión.
PD: Por cierto, no formé parte del goteo de espectadores (unos 25) que abandonaron la sala antes de que acabara la película.